La madurez de los treinta

La llegada a los 30 es una etapa donde todo ser humano se comienza a autoevaluar en relación a lo que ha logrado  y lo que no. Sin embargo, también es una etapa de darse cuenta sobre la madurez que ha alcanzado con el paso de los años.

Estoy a dos días de cumplir los temibles treinta y a pesar de sentir por todos mis huesos el miedo a tenerlos, debo admitir que en estas constantes autoevaluaciones he aprendido sobre mí y sobre cómo cada experiencia – buena o mala – ha aportado de forma positiva en lo que soy hoy. Entre tantos cambios, fracasos y mal de amores no había tenido la oportunidad de darme cuenta en la persona en la que me he convertido.

He aprendido que no hay espacio para el odio o el rencor;  una sonrisa vale más que mil palabras;  los buenos amigos SIEMPRE están ahí;  hay que soltar para caminar más ligero; no importa todo el mal que alguien te pueda desear, siempre desea lo mejor porque la vida da muchas vueltas; no tengas miedo; no te quedes con las ganas; decir adiós en el momento indicado nunca será una mala idea y por último, empezar de cero, nunca, pero nunca se puede percibir como sinónimo de fracaso.

Me gusta esta nueva etapa, me gusta la tranquilidad con la puedo ver ciertas situaciones, me gustan los amigos que tengo a mi alrededor, me gusta con la facilidad que puedo hablar de mis emociones sin temor al qué dirán, me gusta el que luego de mucho tiempo he podido contestar mi pregunta sobre ¿Quién soy y pa’ dónde voy?

Soy una mujer que aunque la vida ha intentado ponerle mil tropiezos en el camino, que aunque no tiene todo con lo que había soñado tener a los 30,  ha salido hacia adelante y no tiene miedo de ir por más.

Anuncios

Detente. Para. No quiero.

Se desabrocha su correa.

Por favor, te lo suplico. Para.

Se baja el pantalón hasta las rodillas

Podría ser tu hermana, yo podría ser tu hija.

Me abre las piernas.

No, por favor.

 Agarra mi pecho mientras me penetra.

Eres un imbécil.

Y tú, una dulzura. Dile a tu padre que queda saldo.

 

 

 

 

 

Hasta pronto

Son las 7:00 am y sin dormir veo que toca a mi puerta.  Tantos años conociéndolo y sin conocerlo a la vez. No ha dormido y está aquí solo para decirme hasta luego.  No es guapo, aparenta ser torpe e inmaduro, pero es un hombre cariñoso, lleno de sueños y con la habilidad de crear poesía. Sí, es el hombre con la que toda mujer sueña. Hoy se va y a pesar de que odio las despedidas, dejo que se acerque. Admito que tengo miedo, a pesar de ser solo amigos se convirtió en un apoyo cuando más lo necesité. Me abrazó y mientras cerraba sus ojos me besó.

Un beso tierno que decía más de lo que podíamos decir en ese momento. Tomó mi rostro con sus manos y continuó besándome. Sus labios se alejaron de los míos y comenzaron a recorrer mi cuello. Besos cortos, tiernos, lentos. Se detuvo  a mirarme a los ojos y mientras me miraba comenzaba a soltar mis botones. Al terminar, continuó besándome por mi busto, panza, hasta llegar a mis pantalones. Esta vez arrodillado ante mí, levantó su mirada hasta encontrar mis ojos. Buscaba aprobación. Toqué su rostro y comprendió.

Soltó mi pantalón y mientras los deslizaba, me besaba. A este punto solo quería tenerlo cerca, sentir su piel sobre la mía, abrazarlo, besarlo mientras entra y sale de mí, pero él tenía otros planes conmigo. Me tiró en la cama y me volteó, quedé de espaldas hacía él. Me comenzó a besar por toda la espalda, a besar el cuello, a morder mi oreja y cuando vio que estaba excitada, me tomó por el cuello y comenzó a besarme fuerte. Dolía, pero la excitación era tanta, que el dolor se comenzaba a convertir en placer. Todavía con sus manos en mi cuello, me hizo mojar sus dedos, mismos que metió entre mis piernas. Frotó en el lugar indicado. Yo gemía.  Él continuaba apretando mi cuello. Esta vez sus dedos entraban con cierta delicadeza entre mis nalgas. No tuve tiempo de decir “No”. Me gustó. Entre dolor y deseo continuó besándome. Sé que ya no tenía sus pantalones puestos, podía sentir su pene erecto rosando.

Me movía con toda la intensión de lograr entrara en mí. Forcejeé y logré quedar frente a él. Lo miré a los ojos y esta vez fue él quien hizo la señal de aprobación. Me tiré sobre él y dejé que me rosara, quería que sintiera mi humedad, quería que viera lo que había logrado. Sus manos en mi cintura me dejaron saber que era el momento de dejarme caer. Lo miré y dejé que entrará en mí, dejé que me sintiera. Me movía lento, pero asegurándome que cada vez que entrará sintiera que entraba un poco más. Me tiré sobre él y comencé a moverme más rápido, cada vez un poco más rápido. Yo sabía lo que quería y sabía exactamente cómo conseguirlo.

No fue necesario decir algo, juntos habíamos llegado a ese momento donde no hay vuelta atrás. Apretó más fuerte mis caderas y comenzó a llevar el ritmo. Yo gemía, podía comenzar saborear ese instante que se aproximaba,  me importaba poco que alguien pudiese escucharme, yo solo quería experimentar el placer al máximo. Aceleraba el ritmo, ahora él también gemía. El cosquilleo recorrió nuestro cuerpo, nos dejamos llevar y una vez en lo alto nos dejamos caer… “¡Qué rico!” Fue lo único que pude decir antes de levantarme y tirarme a su lado. Miramos el techo por un instante.

Él se volteó a mirarme, me miraba detenidamente como para memorizar cada parte de mí, besó en la mejilla y mirándome a los ojos me dijo “Hasta pronto”.

 

Gracias María

… por alejarme de mi isla.

… por alejarme de mis amigos.

… alejarme de un amor sincero y puro.

Ahora estando lejos, me doy cuenta que mi felicidad nunca estará completa. Como bien dicen “en la vida no se puede tener todo” y como estaba cerca de tener todo lo que había soñado debías llegar a destruirlo, porque aparentemente en el libro de mi vida no hay espacios para sonreír o amar.  Sé que historias como estas hay miles, pero no tengo suficientes lagrimas.

Gracias María porque casi 7 meses después continúas arrebatándome la felicidad de las manos.

 

Time to go

1:30 pm mi alarma está a punto de sonar.

Debo arreglarme para irme a trabajar.

1:35 pm Tengo tiempo, pienso.

1:36 pm mi mano se aventura dentro de mis panties. Lo muevo al lado.

1:37 pm  le abro paso a mis dedos y comienzo a hacer movimientos circulares con la yema de mi dedo indice. No sin antes haberlo pasado por mi boca.

1:38 pm poco a poco voy metiendo mis dedos un  poco más adentro.

1:39 pm la humedad es evidente. Abro un poco más mis piernas.

1:40 pm mis dedos comienzan a entrar y  a salir.

Me toco mis senos, los acerco a mi boca, los muerdo, los saboreo.

Mis dedos no han dejado de entrar y salir

Comienzo a gemir….

 Siento el cosquilleo por todo mi cuerpo.

Me dejo llevar. Mis dedos van más rápido, me froto cada vez más fuerte, me gusta lo que siento, lo disfruto. Gimo, no dejo de gemir.

2:00 pm [beep] [beep]

   “Ummm, ummm. Qué rico”

  Pienso en los últimos videos que recibí está mañana.

No dejo de mover mis dedos. Pienso en como movía su mano en el video. Recuerdo esa cara de deseo. Pienso en que su mano podría ser yo moviéndome una y otra vez sobre él.  Muevo mis manos al mismo rito en que él la desliza una y otra vez sobre su pene. No quiero parar, es tan rico. Cierro mis ojos y dejo que por mi cuerpo recorra esa sensación de satisfacción que solo se encuentra esos instantes cuando llegas al clímax.

3:10 pm ¡Mierda! Voy tarde al trabajo.

Si va a pasar, pasará.

Y si no va a pasar que se acabe ya pa’ que el dolor se vaya.

Mientras tanto, fluyo.

Casi 30 años y aún no puedo controlar los impulsos de la adolescente que vive en mí.  Digo todo lo que siento aunque no sea en el momento correcto, la cago mil veces al día, intento que todos a mi alrededor sean felices, si me importas te lo recuerdo a cada instante, cuando quiero lo entrego todo, confío…

Lo triste de compartir mi cuerpo con esa pasión de adolescente es que no siempre esa pureza de corazón se valora entre el mundo gris y complicado de los adultos, por lo que salir lastimada o ser incomprendida es cosa de todos los días. Noches como estas son en las que me siento perdida, en las que comienzo a odiar esa niña que sueña y me molesto con la mujer de 30 años que perdió muchos tiempo pensando en que para comerse el mundo solo necesitaba ganas.

Sonrío, lloro, me enamoro y me siento a observar lo mierda que es todo.

Desahogo: Vol. I| No. 1| Año 2018

Ya es costumbre sentarme frente a la computadora a escribir cuando las cosas van mal. Quizás mi futuro como escritora solo podría ser exitoso si mi vida se convierte en un completo fracaso.

Como saben, María ha obligado a cientos de puertorriqueños a dejar la isla en busca de mejores oportunidades, yo no fui la excepción. Un 31 de diciembre de 2016, junto a mi hijo, Gael,  tomé el avión que dejaría a un lado  lo que comenzaba ser pura felicidad – al menos así lo consideraba yo – buen trabajo, tiempo para mi familia y amigos, un hombre con las características que siempre soñé, una carrera universitaria que apenas comenzaba; sin embargo, hoy solo tengo la incertidumbre acerca del mañana.  Recuerdo el momento en que atravesé las puertas de cristal del aeropuerto y con lágrimas en los ojos me despedía de lo que se había convertido en mi otra mitad, en personas que se ganaron mi cariño y una posición significativa en mi vida.  Fue la despedida más dolorosa que he tenido. Las lágrimas regresan de solo recordarlo.

He sido fuerte. Soy capaz de soportar situaciones que otros no podrían, pero hoy no puedo más. Llevo 29 días en Florida y no dejo de culpar a María por haberme alejado de la gente que quiero, porque aunque soy fuerte mis ojos no dejan de llenarse de lágrimas al pensar en lo que perdí, en lo que dejé atrás, en ver como lo que apenas comenzaba a construir se rompe poco a poco, en no saber que me espera. Intento ser lo más positiva que puedo, pues mi hijo me observa y me imita, pero ¿qué tan positiva puedo ser cuando recibes un correo electrónico a las  8:10 a.m. dejándote saber que en un mes debes irte de tu casa y buscar otra? Claro, cambiar de casa es algo normal entre las personas que acaban de llegar a Estados Unidos, pero en mi caso representa buscar dinero extra,  someter a mi hijo a más cambios y sin duda, el inicio de muchas noches sin dormir. Tengo un plan, alguien me enseñó hace poco que en la vida hay que tener más de uno.  Todo estará bien supongo, pero el proceso cada vez es más doloroso.

Quiero un abrazo. Necesito un abrazo, pero de esos que son tan fuertes que sienten los latidos del corazón de la otra persona.

Pronto visitaré la isla y aunque les he dicho a algunos que es para resolver cuestiones gubernamentales, la realidad es que voy en busca de ese abrazo. Regreso para tener la posibilidad de ignorar mi situación por unos días, para abrazar y querer intensamente, porque no sé si esta vez cuando cruce las puertas de cristal del aeropuerto no vuelva a sentir esos brazos.

Gracias María, gracias por  alejarme de lo que verdaderamente quería. Ahora me tocará ser doblemente fuerte, regresar a la burbuja que me protegía, volver a soñar en lo que pudo ser y no fue, me tocará vivir del recuerdo de aquellos días donde mi sonrisa estaba a flor a piel y mi corazón latía.