Despedidas

Estoy a pocos días de cumplir años y a diferencia de tiempos anteriores me he sentado a pensar en la vida. En los últimos años muchos amigos se han marchado de este mundo, ya sea porque así lo decidieron o porque la vida lo eligió así. Los de esa última categoría, inundan mi cabeza de cientos de interrogantes sin respuestas correctas. ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Le habré dicho a todos lo importante que son para mí? ¿Abracé a mi hijo lo suficiente? ¿Dije suficientes te quiero? ¿Perdoné?

“Vive tu día como si fuera el último” No. No puedo hacer eso. No estoy lista para abandonar mi vida, no estoy lista para dejar de ver sonreír a Gael, no estoy lista para no poder compartir con mis amistades una cerveza en el Boricua o una noche de karaoke en El Local, no quiero morir sin conocer el amor una vez más, no quiero irme sin ver a todos por última vez…Tengo miedo y no veo nada malo en decirlo. No quiero que hoy sea el último.

Esta semana una compañera de lo que fue mi familia por muchos años, la Banda Municipal de Gurabo, falleció. Era una mujer que merecía vivir, era una mujer llena de vida, con una sonrisa que contagiaba a todos a su alrededor, llena de amor, luchadora, una mujer que no dejó que la posibilidad de morir le arrebatara las ganas de vivir. No lloré y no lo haré, prefiero imitar la sonrisa que la caracterizaba, prefiero utilizar su muerte para reflexionar en la vida y en la forma en que la vivo.

No olvidaré los campings y todas esas veces que sujetaste mi pelo mientras vomitada, no olvidaré tus clases sobre cómo hacerme un dubbie -aún me quedan medios raros-, no olvidaré como nunca te rehusarte a hacer mi compañera de cuarto en cada viaje que hacíamos a la isla y aunque no lo creas, no olvidaré como le devolviste la sensibilidad a mi mamá como enfermera, como te tomó cariño y se identificó contigo sin saber que yo te conocía. No te olvidaré, así como tampoco olvidaré a aquellos que no están, pero que dejaron una huella en lo que soy.

Los veo luego.

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