Claje’ e cogida de pendejo

Siempre pensé que ser adulto y  tener una familia era algo sencillo.  Solo debía tener un buen trabajo, convertirme en profesional, encontrar al hombre con quien compartir toda una vida, tener hijos saludables, hacer get togethers  con las amistades más cercanas, comprar casa e ir los veranos a Disney. ¡Qué Claje’ e cogida de pendejo nos dieron!  Busquen el control remoto de mi vida y denle rewind.

Hoy en día trabajar es más importante que estudiar, porque los libros no te ponen un plato en la mesa – al menos no de inmediato -, si estudias mucho estás sobre cualificado y pensar en irte no es una opción porque no tiene ahorros por falta de trabajo. ¿Encontrar a un hombre? Fucking chiste. Ellos están hoy y mañana no, eso sí, cumplen con hacerte el hijo para contribuir a la sobrepoblación y así poder tomarle fotos una vez al mes con el título “El amor de mi vida” o “Ha crecido tanto”.  Una casa propia es una misión imposible. La tarjeta de crédito para  universitarios dañó mi crédito, se tuvo que usar para hacer encargos y evitar que cortaran la luz cuando me quedé sin trabajo y vivía sola lejos de mami. ¿Viajar? ¿Qué es eso?  A penas puedo ir a un Burger King con los cupones que te regalan en la gasolinera. Definitivo crecer fue la cogida de pendejo más grande que me han dado. Pensar que mi mamá lo hacía ver como si fuese fácil.

Hoy me siento a contemplar lo poco que tengo, a intentar respirar un poco de las preguntas constantes de un niño que no entiende que su madre está en estrés porque lleva un mes sin cobrar y no encuentra como darle la cara a la dueña de su casa. Me siento a pensar en que alternativas tengo, intento ver que me puede dar el futuro. La vida es dura y en este país más. No encuentro como respirar cuando hasta aquellos que se supone que están ahí para ti, solo aprietan más fuerte la soga que está en tu cuello.

Me encantaría escribir, escribir historias como siempre, pero esta vez la historia de terror de alguien más se convirrtió en mi realidad. Una realidad que no puedo evadir, una realidad que no me permite buscar refugio en la literatura porque ni las deudas, la necesidad o el hambre conocen de eso. Que conste, no me estoy quejando. Esto es lo que me ha tocado vivir, las malas decisiones me han dejando aquí y no tengo más remedio que limpiarme las rodillas y seguir aunque más adelante tenga que parar una vez más a llorar como hoy.

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