Hasta pronto

Son las 7:00 am y sin dormir veo que toca a mi puerta.  Tantos años conociéndolo y sin conocerlo a la vez. No ha dormido y está aquí solo para decirme hasta luego.  No es guapo, aparenta ser torpe e inmaduro, pero es un hombre cariñoso, lleno de sueños y con la habilidad de crear poesía. Sí, es el hombre con la que toda mujer sueña. Hoy se va y a pesar de que odio las despedidas, dejo que se acerque. Admito que tengo miedo, a pesar de ser solo amigos se convirtió en un apoyo cuando más lo necesité. Me abrazó y mientras cerraba sus ojos me besó.

Un beso tierno que decía más de lo que podíamos decir en ese momento. Tomó mi rostro con sus manos y continuó besándome. Sus labios se alejaron de los míos y comenzaron a recorrer mi cuello. Besos cortos, tiernos, lentos. Se detuvo  a mirarme a los ojos y mientras me miraba comenzaba a soltar mis botones. Al terminar, continuó besándome por mi busto, panza, hasta llegar a mis pantalones. Esta vez arrodillado ante mí, levantó su mirada hasta encontrar mis ojos. Buscaba aprobación. Toqué su rostro y comprendió.

Soltó mi pantalón y mientras los deslizaba, me besaba. A este punto solo quería tenerlo cerca, sentir su piel sobre la mía, abrazarlo, besarlo mientras entra y sale de mí, pero él tenía otros planes conmigo. Me tiró en la cama y me volteó, quedé de espaldas hacía él. Me comenzó a besar por toda la espalda, a besar el cuello, a morder mi oreja y cuando vio que estaba excitada, me tomó por el cuello y comenzó a besarme fuerte. Dolía, pero la excitación era tanta, que el dolor se comenzaba a convertir en placer. Todavía con sus manos en mi cuello, me hizo mojar sus dedos, mismos que metió entre mis piernas. Frotó en el lugar indicado. Yo gemía.  Él continuaba apretando mi cuello. Esta vez sus dedos entraban con cierta delicadeza entre mis nalgas. No tuve tiempo de decir “No”. Me gustó. Entre dolor y deseo continuó besándome. Sé que ya no tenía sus pantalones puestos, podía sentir su pene erecto rosando.

Me movía con toda la intensión de lograr entrara en mí. Forcejeé y logré quedar frente a él. Lo miré a los ojos y esta vez fue él quien hizo la señal de aprobación. Me tiré sobre él y dejé que me rosara, quería que sintiera mi humedad, quería que viera lo que había logrado. Sus manos en mi cintura me dejaron saber que era el momento de dejarme caer. Lo miré y dejé que entrará en mí, dejé que me sintiera. Me movía lento, pero asegurándome que cada vez que entrará sintiera que entraba un poco más. Me tiré sobre él y comencé a moverme más rápido, cada vez un poco más rápido. Yo sabía lo que quería y sabía exactamente cómo conseguirlo.

No fue necesario decir algo, juntos habíamos llegado a ese momento donde no hay vuelta atrás. Apretó más fuerte mis caderas y comenzó a llevar el ritmo. Yo gemía, podía comenzar saborear ese instante que se aproximaba,  me importaba poco que alguien pudiese escucharme, yo solo quería experimentar el placer al máximo. Aceleraba el ritmo, ahora él también gemía. El cosquilleo recorrió nuestro cuerpo, nos dejamos llevar y una vez en lo alto nos dejamos caer… “¡Qué rico!” Fue lo único que pude decir antes de levantarme y tirarme a su lado. Miramos el techo por un instante.

Él se volteó a mirarme, me miraba detenidamente como para memorizar cada parte de mí, besó en la mejilla y mirándome a los ojos me dijo “Hasta pronto”.

 

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Encuentro

Me miro, pero no me veo. Sin embargo, me toco y aún me siento. No reconozco mis ojos o mis labios, pero sí mis dedos al adentrarse en mí.

Escucho voces. No logro distinguir ninguna. No me limito, cierro los ojos y sigo.

Poco a poco siento el rio que comienza a brotar entre mis muslos, las gotas de sudor comienzan poco a poco a deslizarse en el espacio entre mis pechos. Mi corazón late con más intensidad, late al mismo rito que mis dedos entran y salen.

Me muevo. Intento seguir el ritmo de mis dedos. Los alejo un poco y los llevo a mis labios, quiero cerrar los ojos y memorizar mi sabor. Ese sabor a pasión, deseo, placer; ese sabor tan mío.

Me gusta lo que pruebo. El rio entre mis piernas se incrementa. Mi lengua moja mis dedos, los prepara para volver a moverse entre mis muslos. Mi otra mano recorre cada espacio, lo acaricia, lo aprieta, lo saborea.

Las voces se escuchan más cerca, más fuertes. No me importa. Solo necesito tres minutos más.

Con delicadeza froto el centro. Siento como se disparan por mi cuerpo sensaciones, cosquilleos. Respiro profundo, ahogo el deseo de gritar. Llevo mis dedos una vez más a mis labios, esta vez los mojo más, los llevo entre mis piernas y le doy pequeños golpes. Las sensaciones son más intensas, los cosquilleos invaden cada espacio de mí. Mi mano sigue apretando mis pechos, mis muslos, mis caderas.

Las voces están justo detrás de la puerta o ¿están en mi cabeza? No importa. Comienzo a distinguirla. No importa. Un minuto más.

Levanto mis nalgas, quiero que los dedos entren con mayor fuerza, más profundo, quiero sentir más. Aumenta el ritmo, intento no hacer ruido, pero no aguanto, exploto, grito, me aprieto más fuerte. El agua entre mis piernas aumenta, no quiero que se acabe, continuó moviendo mis dedos, sigo gritando.

La puerta se abre. Abro los ojos.

Yo logro venirme.

Veo quien está en la puerta, pero no me reconoce. Giro un poco la cabeza y me miro en el espejo.  Reconozco mis labios, mis ojos, mi cuerpo; esta mujer sí soy yo y no la que  me mira parada en la puerta de mi cabeza.

Encuentros

Las fiestas familiares no son precisamente mis favoritas y mucho menos cuando el número de invitados sobrepasa los 30. Es verano, mi hermana menor se casa y no tengo excusas que justifiquen mi ausencia a tal evento. Lo único positivo es la barra con Titos Vodka ilimitado.

Me tardé demasiado en arreglarme. Llevaba un traje de segunda mano color verde monte, pelo suelto y poco maquillaje. Mi plan era simple, refugiarme en la barra el tiempo que fuese necesario. Solo debía salir del cuarto, llegar al área de la piscina y ejecutar el plan.

Salí del cuarto, llevaba un paso acelerado, quería llegar al ascensor lo más pronto posible y así saludar a alguna tía lejana. Mientras caminaba escuché la voz que cambiaría mis planes, quitaría la ropa y me haría llegar tarde a mi compromiso.

– “Angélica” “Angélica” ¿Por qué corres? No corría y mucho menos luego de escuchar su voz. – ¡Tanto tiempo! ¿Vienes a la boda? – Sí, vine de vacaciones y me encontré con tu hermana. Sabes que es imposible decirle que no.  Yo mejor que nadie, sabía lo difícil que era intentar negarle algo a mi hermana una vez se empeñaba. –Bienvenida a mi vida. Espero que sea una ceremonia corta. No me atrevía a levantar la mirada. No quería darle la oportunidad de que sacará el tema de nuestro último encuentro. – No hablamos desde mi última visita. Intenté llamarte en varias ocasiones, pero no contestaste mis llamadas. ­Sí, ignoré sus llamadas, sus mensajes de texto, emails, hasta sus cartas. – Estuve ocupada y no pude contestarte, pero me alegra mucho que hayas venido. ­ Me miró en silencio. – Necesitamos hablar.

Me fui o mejor dicho escapé. Regresé al cuarto.  En mi cabeza se repetía una y otra vez “Necesitamos hablar”. No tenemos nada de qué hablar. ¿Por qué tenía que venir? Estoy segura que todo ha sido fríamente calculado. Me conoce demasiado. Caminé de un lado a otro en el cuarto. Era evidente que los nervios me comían por dentro.

Me quité todo a la prisa y me metí al baño. Poco a poco me iba relajando. Mi madre, me llamaba constantemente para que me diera prisa, pero eso no afectaba la tranquilidad que había conseguido. Tocaron a mi puerta. “Voy, me visto rápido”. Me vestí rápidamente y abrí la puerta.

– “Angélica” No era mi madre. Nuevamente mi nombre en sus labios, una vez más mi cuerpo se estremecía. – “No creo que sea un buen momento, debo arreglarme”. No me dejó cerrar la puerta. Con sus manos tocó mi rostro y llevó mis labios a los suyos. Fue un beso dulce, inocente. Pero luego sus manos bajaron a mi espalda y con sutiliza me pegaba a su cuerpo, entonces eran mis manos quienes acercaban su boca a mi cuello.

Me empujó a la cama, me continuaba besando. No hice nada para detener lo que iba a suceder. El traje color verde monte, cayó al suelo. Me besaba con intensidad. Besó cada parte de mi cuerpo hasta llegar a entre mis piernas. Metió su dedo en mi boca para luego utilizarlo al darme placer. Su lengua recorría mi clítoris. Agarraba mis senos, mientras su cara se escondía entre mis piernas. No aguantaba la excitación. Los movimientos con su lengua entre mis piernas cada vez eran más rápidos, sus dedos entraban y salían a su antojo. Con su mano izquierda apretaba mis nalgas. En ocasiones me daba nalgazos para terminar agarrando mejor. Ya era demasiado, no podía aguantar, mi cuerpo temblaba bajo su boca. Terminé, mi respiración acelerada y mis gritos los afirmaban. Busqué sus labios, los besé, los mordí y cambié mi posición. Estoy encima y es ella quien grita cuando muevo mi lengua suavemente en su clítoris, cuando halo su pelo para besar su cuello, cuando con mis dedos la penetro acompañados de besos entre sus piernas.

Llegamos justo para escuchar “Los declaro: Marido y Mujer

La historia que me hace sentir orgullosa de ser MUJER

Esta es la historia de un triunfo, incluye barcos, olas gigantescas, lágrimas, decepción, odio y alegrías. ¿Piratas? No, en esta historia no hay espacio para hombres. 

Cuando cayó la noche todas en el puerto se dividieron, algunas fueron al norte y otras al sur. La mayoría de las embarcaciones estaban listas. ¿La misión? Atacar todo aquello que se mueva en el mar hacia la isla. Esta guerra se detendrá desde el agua; así hombres y niños estarán a salvo en tierra firme. ¿mi posición? Aún no decido, pero mi trabajo es documentar, por eso, yo soy, la indicada para contarles que pasó aquella noche del 19 de marzo de 1911.

Una vez todas en sus embarcaciones, rodeamos toda la costa. Si alguien llegase a ver el más mínimo movimiento, lo sabremos por medio de señales y sonidos. El mar estaba sereno, Gracias a la luna la noche era clara. Todo estaba en calma, llegamos a pensar que nadie atacaría esa noche. Las horas pasaban y seguíamos en guardia. Los hombres necesitaban mujeres que pudiesen defenderlos en situaciones como estas, ya que, ellos les faltaba algo para luchar, alma.

La noche continuaba transcurriendo de forma tranquila, las horas pasaban y la madrugada estaba cerca. La coronel, envió varias embarcaciones de regreso a casa para que pudiesen volver la noche siguiente de ser necesario. Apenas quedaban dos embarcaciones, la de la coronel y la mía. Ella no podía abandonar la guardia y yo no podía abandonar la historia. Yo sabía que algo estaba por suceder. Claro, su embarcación me llevaba ventaja, ella contaba con casi veinte mujeres armadas, mujeres fuertes y decididas a luchar por defender sus ideas, su familia, su patria y sobre todo su tierra. En mi embarcación solo me encontraba yo, armada con lápiz y papel para poder dejar plasmada la victoria de estas mujeres.

A eso de las cuatro de la madrugada se escucha el sonido del mar dándole a la proa. Era difícil identificar qué tipo de embarcación se acercaba, ya que a esa hora solían salir las pescadoras. Le tomó a la coronel unos minutos en confirmar la llegada del enemigo. Hizo la señal, pero solo quedaba su embarcación y la mía, podía salir corriendo a buscar ayuda pero no llegarían a tiempo. Llego el momento de luchar contra las embarcaciones que se acercan. Sus tamaños eran tan grandes que podía ver con facilidad los nombres de las embarcaciones eran: discrimen, machismo y superioridad. Había llegado el momento de empuñar las armas, las voces y por su puesto el lápiz.

Fue una lucha difícil, no puedo negarlo. Tardó horas que parecían siglos, pero lo logramos, ganamos. Ganamos defender nuestras ideas, derechos, nuestra posición en la sociedad y lo más importante ganamos un espacio en la historia y en la literatura.

Hoy, años más tarde aplaudimos a aquellas mujeres que nos permitieron ser libres.

Feliz día de la Mujer, a todas aquellas que se levantan día a día a luchar por sus hijos, por sus derechos, por la patria y sobre todo por la libertad. Esta victoria es de todas.

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Esta historia fue publicada por primera vez en mi antiguo blog “El Balcón de Petra” el 8 de marzo de 2012 como recordatorio de que el Día Internacional de la Mujer no es una celebración, sino una fecha para recordar la lucha de cientos de mujeres.

Si te gustó visita “El Balcón de Petra” www.elbalcondepetra.blogspot.com 

La noche del veinte

Llevo esperando por este día veinte años. Veinte años de amargura y sufrimiento, de noches malas y frías mañanas. Lo peor de todo, soy inocente. Llevo veinte años en prisión simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Ya soy un viejo al que nadie escucha pero les contaré mi historia para que la utilicen como prueba acerca de la “justicia” de este país. Todo sucedió el 20 de abril de 1980 eran las 8:30 de la noche y me dirigía al bar como todos los días para ver a mi chica. Era una hermosa mujer, alta, de cabellos dorados y una sonrisa que la iluminaba. Se llamaba Mercedes. Ella cantaba en el bar cada noche para mí aunque nadie lo supiese. Esa noche salí de mi casa un poco antes de lo acostumbrado porque quería darle una sorpresa; le pediría matrimonio. Mis amigos pensaban que era un tonto y que me estaba inventando una relación que jamás existiría. Nunca les hice caso y tal vez ese fue mi gran error. Me enamoré a lo advino, pues yo jamás cruce palabra con mercedes hasta ese día.

Llegue al bar, me senté en la mesa de siempre espere unos quince minutos y Mercedes no salía. Me levante, caminé directamente al camerino mismo que estaba custodiado por dos guarda espaldas. Les expliqué mi situación y mis desesperadas ganas por hablar con Mercedes. No me permitieron entrar, pero ellos no sabían mi As bajo la manga. Esperaría el cambio de turno que según yo, pasaría en unos 10 minutos eso me daría el tiempo suficiente para entrar al camerino. Esos minutos fueron eternos, pero al fin llegó permitiéndome entrar. Toqué el mango de la puerta y mis rodillas comenzaron a templar, pronto le propondría matrimonio a la mujer de mi vida. Entre muy silenciosamente con un ramo de lirios violetas que llevaban adentro su anillo. El camerino estaba a oscuras así que supuse que tal vez estaba tomando una siesta. Intenté hacer el menor ruido posible caminaba de puntas. Algo en el suelo logró que me tropezara. No pude reconocer que fue, pero luego de tocar cuidadosamente lo que se encontraba en el suelo me comencé a temer lo peor. Me incorporé rápidamente e intenté buscar alguna lámpara o algo que me brindara luz para ver con mis propios ojos lo que realmente no quería ver. Arroje varias cosas al suelo hasta que por fin logré encontrar una lámpara. Jamás podré olvidar aquello que vi. Mercedes estaba en el suelo llena de sangre, no tenía pulso y su cuerpo estaba tan frío que daba la impresión que llevaba horas así.

Me tiré sobre ella no podía creer lo que estaba viendo, intenté revivirla porque algo me decía que lo intentara. No quería quedarme sin ningún recuerdo de mercedes así que con mucho cuidado la desvestí y admiré su cuerpo detenidamente para jamás olvidar su dulzura, ni su delicadeza. La miraba y la miraba y por mi mente solo pasaba una sola idea “Mercedes será mía aunque su cuerpo este sin vida”. Me quité la ropa y logré un orgasmo, pero no cualquier orgasmo sino el mejor que había podido tener en 30 años. Me quedé sobre ella para sentir su cuerpo antes de irme, pero fue en ese preciso momento en el que me percaté que dentro de la boca de Mercedes había un papel el mismo decía: “Manuel, la maté solo para ti” – M.R. Mi amigo Miguel mató a mi Mercedes porque muerta era la única manera según él en la que ella estaría conmigo. En ese preciso momento llegó la policía y me imputaron 3 cargos de los cuales se me considero culpable cuando en realidad no lo era. Solo fui culpable de amar a Mercedes hasta después de muerta. Hoy saldré de la prisión, pero volveré aquí en una semana, pero esta vez siendo culpable porque hoy es el último día de Miguel en este mundo.

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Esta historia fue publicada por primera vez en mi antiguo blog “El Balcón de Petra” el 5 de septiembre de 2008. Si te gustó dale un vistazo a mi antigua casa.

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Deudas Pendientes

Lo conocía hace tiempo, pero por cuestiones de distancia nunca nos habíamos encontrado. En los últimos años nos hemos intercambiado fotos que han acompañado mis dedos y sus manos al placer. Miento al no admitir que al verle simplemente quería bajar mis pantis y sentarme sobre sus faldas, mientras determinaba el ritmo con el moviendo que les daba a mis caderas, pero  la historia fue otra, ignoré su presencia mientras saludaba a los demás, me hice la sorprendida al encontrarlo fumando un cigarrillo al fondo. Lo saludé con un beso en el que pudiera sentir mis labios carnosos en su mejilla, colándome lo suficientemente cerca para que pudiera sentir mi aroma.

No quería perder el tiempo; le invité una cerveza. La realidad no quería beber, pero ORAL-1quería salir a un lugar más íntimo. Llevaba unas faldas cortas, por lo que fue fácil atraer su mirada a mis piernas. Entre sonrisas picaras y miradas seductoras terminamos en mi auto intentando huir de la multitud para poder tener su rostro entre mis piernas. No llegamos muy lejos. Una vez encendí el carro, sentí como sus manos tiraban de mi pelo para acercarse a mi boca. Me besó una y otra vez, mientras recorría mi cuello. Su mano traviesa hacía camino entre mis piernas. Saboreó cada dedo que entraba y salía de mí. Me pasé al asiento trasero y él se volteó para estar en el lugar adecuado. Alzó mi falda, bajó mi panti y una vez entre mis piernas su lengua rosaba mi clítoris, sus manos jugueteaban con mis senos y yo… yo no podía hacer más que gemir de la excitación. Sujetaba su cabeza para que no saliera de entre mis piernas. Su lengua continuaba entre mis piernas, olvidando limites, esta vez recorriendo hasta mis nalgas.

No perdí tiempo y me senté en su falda, mordía mis labios mientras lo tomaba con mis manos para asegurarme que llegara al lugar correcto. Cuando estaba segura, bajé lentamente para que sintiera poco a poco la sensación de estar adentro. Enloqueció. Jalaba de mi pelo, mordía mi cuello, gemía, eso solo me obligaba a seguir. Intenté aguantar, pero no podía. Sus gemidos en mi odio, sus uñas en mis caderas, su boca besándome enloquecidamente… Lo conseguí, él lo consiguió. Sonreímos. Levanté mi panti, bajé mi falda y arreglé mi cabello. Él subió su zipper y se miró en el espejo. Apagué el carro, nos bajamos y cada cual tomó por su lado como si nada hubiese pasado.

Pero pasó y se repetirá.

El valor del último suspiro

Apostaban a su muerte y ni siquiera sabían su nombre, pero daban por hecho que moriría aquella noche del 24 de febrero. Era mi primer turno en aquel lugar, no podía imaginar como nadie podía hacer algo, solo miraban el reloj mientras subían las apuestas. No les dije nada, después de todo yo no era nadie aún. Hice algo mejor… caminé a su lado, leí cuidadosamente los apuntes anteriores y decidí echar manos a la obra. El cuadro no era muy alentador, pero era lo menos que podía hacer. Llamé a varias personas para que me ayudaran y ninguna pudo darme una mano, sin embargo, eso no me desmotivó.

La bañé, limpié sus heridas, cubrí sus pies para mitigar el frío y me senté a su lado. Quizás no viviría para darse cuenta que alguien se preocupó por ella, pero mi conciencia estaba tranquila. Además, quería que mis compañeros se dieran cuenta que la vida no debe involucrarse con juegos de la suerte. Llegó el final de mi jornada y mis clases me esperaban. Me fui no sin antes guardar su rosto en mi memoria. Le conté a un compañero lo que me había sucedido y con unas palmaditas en el hombro me dijo que eso siempre pasa con el primer paciente, luego los iba a olvidar una vez salieran por la puerta.

Llegó mi próximo turno y para mi sorpresa ella estaba sentada tomándose un caldo de pollo del país. No pude evitar la emoción que me dio al verla. Desde ese momento se convirtió no solo en mi paciente, sino también en mi amiga. Carmen murió a los 80 años sin que nadie apostara cuando sería su último suspiro, logró estudiar, tener una familia y un buen trabajo. La veía una vez al mes, verla me recordaba cual realmente era mi propósito en la vida. En cuanto a mí, me gradué y jamás regresé a un hospital… me fui a la calle a ayudar a todas y todos los Carmen que necesitaban más de mí.

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*Inspirada en una entrevista que escuché y cautivó mi alma.