Encuentros

Las fiestas familiares no son precisamente mis favoritas y mucho menos cuando el número de invitados sobrepasa los 30. Es verano, mi hermana menor se casa y no tengo excusas que justifiquen mi ausencia a tal evento. Lo único positivo es la barra con Titos Vodka ilimitado.

Me tardé demasiado en arreglarme. Llevaba un traje de segunda mano color verde monte, pelo suelto y poco maquillaje. Mi plan era simple, refugiarme en la barra el tiempo que fuese necesario. Solo debía salir del cuarto, llegar al área de la piscina y ejecutar el plan.

Salí del cuarto, llevaba un paso acelerado, quería llegar al ascensor lo más pronto posible y así saludar a alguna tía lejana. Mientras caminaba escuché la voz que cambiaría mis planes, quitaría la ropa y me haría llegar tarde a mi compromiso.

– “Angélica” “Angélica” ¿Por qué corres? No corría y mucho menos luego de escuchar su voz. – ¡Tanto tiempo! ¿Vienes a la boda? – Sí, vine de vacaciones y me encontré con tu hermana. Sabes que es imposible decirle que no.  Yo mejor que nadie, sabía lo difícil que era intentar negarle algo a mi hermana una vez se empeñaba. –Bienvenida a mi vida. Espero que sea una ceremonia corta. No me atrevía a levantar la mirada. No quería darle la oportunidad de que sacará el tema de nuestro último encuentro. – No hablamos desde mi última visita. Intenté llamarte en varias ocasiones, pero no contestaste mis llamadas. ­Sí, ignoré sus llamadas, sus mensajes de texto, emails, hasta sus cartas. – Estuve ocupada y no pude contestarte, pero me alegra mucho que hayas venido. ­ Me miró en silencio. – Necesitamos hablar.

Me fui o mejor dicho escapé. Regresé al cuarto.  En mi cabeza se repetía una y otra vez “Necesitamos hablar”. No tenemos nada de qué hablar. ¿Por qué tenía que venir? Estoy segura que todo ha sido fríamente calculado. Me conoce demasiado. Caminé de un lado a otro en el cuarto. Era evidente que los nervios me comían por dentro.

Me quité todo a la prisa y me metí al baño. Poco a poco me iba relajando. Mi madre, me llamaba constantemente para que me diera prisa, pero eso no afectaba la tranquilidad que había conseguido. Tocaron a mi puerta. “Voy, me visto rápido”. Me vestí rápidamente y abrí la puerta.

– “Angélica” No era mi madre. Nuevamente mi nombre en sus labios, una vez más mi cuerpo se estremecía. – “No creo que sea un buen momento, debo arreglarme”. No me dejó cerrar la puerta. Con sus manos tocó mi rostro y llevó mis labios a los suyos. Fue un beso dulce, inocente. Pero luego sus manos bajaron a mi espalda y con sutiliza me pegaba a su cuerpo, entonces eran mis manos quienes acercaban su boca a mi cuello.

Me empujó a la cama, me continuaba besando. No hice nada para detener lo que iba a suceder. El traje color verde monte, cayó al suelo. Me besaba con intensidad. Besó cada parte de mi cuerpo hasta llegar a entre mis piernas. Metió su dedo en mi boca para luego utilizarlo al darme placer. Su lengua recorría mi clítoris. Agarraba mis senos, mientras su cara se escondía entre mis piernas. No aguantaba la excitación. Los movimientos con su lengua entre mis piernas cada vez eran más rápidos, sus dedos entraban y salían a su antojo. Con su mano izquierda apretaba mis nalgas. En ocasiones me daba nalgazos para terminar agarrando mejor. Ya era demasiado, no podía aguantar, mi cuerpo temblaba bajo su boca. Terminé, mi respiración acelerada y mis gritos los afirmaban. Busqué sus labios, los besé, los mordí y cambié mi posición. Estoy encima y es ella quien grita cuando muevo mi lengua suavemente en su clítoris, cuando halo su pelo para besar su cuello, cuando con mis dedos la penetro acompañados de besos entre sus piernas.

Llegamos justo para escuchar “Los declaro: Marido y Mujer

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Dos mil dieciséis

Gracias por aquellos que prometieron estar en las buenas, pero en las malas nunca llegaron, aunque los necesité.

Gracias por los amores efímeros, que me enseñaron a darle valor a los instantes y todavía me sacan sonrisas sinceras.

Gracias por lo nuevo y viejo, por lo bueno y lo malo.

Gracias por la salud, el trabajo y por permitirme gozar mucho más el ser mamá de un niño tan peculiar.

Gracias por las bodas, el baile, el alcohol y las drogas.

 Gracias por las novias de mis amigos que se convirtieron en hermanas, confidentes y asesoras de moda.

Gracias por la oportunidad de conocer más.

Gracias por los libros que leí y por lo que llegaron que aún no leo.

Gracias por los abrazos, los besos y por esos mensajes de texto llenos de cariño.

En fin, GRACIAS.

2017, espero que traigas sabrosura pura, mucha alegría, amor, amistades, momentos, sexo, café, libros, dame de to’ que yo quiero seguir pasándola tropical aquí o en Pekín, pero con los míos.

Carencias

No es suficiente un “Hola”, sino está acompañado de una mirada prolongada que me haga temblar.

No es suficiente una mirada prolongada, sino está acompañada de un beso.

No es suficiente un beso,sino está acompañado de pasión.

No es suficiente la pasión,sino está acompañada de un sentiniento.

No es suficiente y necesito estar completa.

Entre sabanas y lágrimas

​La cagué, posiblemente de la peor forma y no es hasta este momento que siento la necesidad de un abrazo y decirle “Te quiero”. 

¿por qué el cariño se transforma y no es hasta el último momento que nos damos cuenta?

Lo alejé, soy la peor. Construí una barrera de incomodidad entre ambos. Pienso en cómo rómperla para tener un acceso directo a sus labios, a su mirada, a sus manos…

Yo era tan feliz solo sabiendo que estaba ahí.Ahora no está, ni tampoco mi sonrisa.

Perdón

Nada es tan malo como parece

Partiendo de las Leyes de Murphy; una joven escritora reúne sus exper375626_539545289414643_269392315_niencias como madre soltera y a su vez estudiante de pedagogía, para demostrarnos que nada es tan malo como parece. Si alguna vez tu hijo/a entró a una tienda por departamento y gritó a viva voz “¡Mamá, me estoy cagando!” o si le diste una crayola para que se entretuviese un rato y en segundos creó toda una obra de arte en la pared del apartamento rentado definitivamente tienes que sentarte a leer Nada es tan malo como parece, pues al final del día son más de uno los padres que pasan por situaciones como ésta.

 Angélica Berríos, escritora de Nada es tan malo como parece, nos comparte sus anécdotas, frustraciones, sueños e ideales a través de una escritura simple y autentica. Es imposible no reír o llorar, no decir “yo pasé por eso” o simplemente pensar “wow”, “esta mujer es mi héroe”. No dudo que objetivo principal de Berríos para con su libro era compartir sus experiencias más allá de su familia y amigos. Sin embargo, para los lectores de Nada es tan malo como parece es mucho más, son la esperanza de ver que hay madres que se dan día a día esa difícil pero no imposible tarea de formar mejores ciudadanos/as para nuestro país con principios de igualdad, equidad, amor, pero sobre todo de lucha.

Conozco a Angélica y a su familia, desde hace más de una década y debo admitir que jamás pensé que se fuese a convertir en la mujer que es hoy, mucho menos que tendría en mis manos un libro suyo. A aquellos que me conocen saben lo selectiva que soy para lo que leo, y casi nunca se logra colar entre mis lecturas algo de motivación o experiencias personales, pero Nada es tan malo como parece, fue mi gran excepción. Esa forma tan particular y real con la escribe Angélica fue la razón principal para sentarme a conocer y disfrutar esas experiencias de madres que están de madre. Nada es tan malo como parece, me hizo llorar y reír de una sola senta’ como dicen en el lenguaje popular, debo admitir que antes de pasar la página número veinte (20) ya había experimentado lágrimas, risas y una admiración infinita a Dali, quien como bien la describe Angélica en su libro, es su ángel en la tierra.

Dos niñas, diferentes personalidades, un mundo lleno de obstáculos, gastos y más gastos, clases en pueblos diferentes, cientos de sacrificios, pero a su vez cientos de sueños, un millón travesuras y al final del día una sonrisa con un abrazo acompañados de un “Te amo, mamá”. Definitivamente nada, pero Nada es tan malo como parece sino ¡pregúntenle a Angélica!

Para conseguir una copia de Nada es tan malo como parece pueden comunicarse al (210) 556- 9226 o buscar en Facebook: Nada es tan malo como parece.  ¡Luego me cuentan qué tal!

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Esta reseña fue publicada por primera vez el 6 de Agosto de 2013 en mi antiguo Blog “ El balcón de Petra” si te gustó dale un vistazo.

www.elbalcondepetra.blogspot.com

Despedidas

Estoy a pocos días de cumplir años y a diferencia de tiempos anteriores me he sentado a pensar en la vida. En los últimos años muchos amigos se han marchado de este mundo, ya sea porque así lo decidieron o porque la vida lo eligió así. Los de esa última categoría, inundan mi cabeza de cientos de interrogantes sin respuestas correctas. ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Le habré dicho a todos lo importante que son para mí? ¿Abracé a mi hijo lo suficiente? ¿Dije suficientes te quiero? ¿Perdoné?

“Vive tu día como si fuera el último” No. No puedo hacer eso. No estoy lista para abandonar mi vida, no estoy lista para dejar de ver sonreír a Gael, no estoy lista para no poder compartir con mis amistades una cerveza en el Boricua o una noche de karaoke en El Local, no quiero morir sin conocer el amor una vez más, no quiero irme sin ver a todos por última vez…Tengo miedo y no veo nada malo en decirlo. No quiero que hoy sea el último.

Esta semana una compañera de lo que fue mi familia por muchos años, la Banda Municipal de Gurabo, falleció. Era una mujer que merecía vivir, era una mujer llena de vida, con una sonrisa que contagiaba a todos a su alrededor, llena de amor, luchadora, una mujer que no dejó que la posibilidad de morir le arrebatara las ganas de vivir. No lloré y no lo haré, prefiero imitar la sonrisa que la caracterizaba, prefiero utilizar su muerte para reflexionar en la vida y en la forma en que la vivo.

No olvidaré los campings y todas esas veces que sujetaste mi pelo mientras vomitada, no olvidaré tus clases sobre cómo hacerme un dubbie -aún me quedan medios raros-, no olvidaré como nunca te rehusarte a hacer mi compañera de cuarto en cada viaje que hacíamos a la isla y aunque no lo creas, no olvidaré como le devolviste la sensibilidad a mi mamá como enfermera, como te tomó cariño y se identificó contigo sin saber que yo te conocía. No te olvidaré, así como tampoco olvidaré a aquellos que no están, pero que dejaron una huella en lo que soy.

Los veo luego.